miércoles, 12 de mayo de 2010

Molinos y batanes

Batán de Lacort

Batanes en la provincia de Huesca en el siglo XVIII



Río Aragón y afluentes

Ansó, Castiello (2), Avós, Jaca


Río Gállego

Escarrilla, Biescas (2), Sabiñánigo, Javierrelatre


Río Ara y afluentes

Lacort, Margudgued (Boltaña) y Guaso


Río Susía

Mondot


Río Vero (Sierra de Guara)

Adahuesca, Salas, Huerta de Vero y Barbastro

Río Alcanadre, Guatizalema, Flumen e Isuela (sierra de Guara)

Bierge, Peralta de Alcolea, Sariñena, Albalatillo; Almunia del Romeral, Sipán; Loporzano, Montearagón, Quicena y Huesca


Río Cinca y afluentes a excepción de Ara, Susía, ríos de la sierra de Guara, Esera,  Isábena y Noguera-Ribagorzana

Bielsa (2), Revilla, Monzón y Ballobar


Río Ésera

Villanova, Campo(2), Santaliestra (3), Puebla de Fantova y Graus


Río Isábena

Noales, La Puebla de Roda, Roda, El Mont de Roda y Capella


Río Noguera-Ribagorzana

Sopeira, Arén y Benabarre



Carta del Ministro Floridablanca

Esta carta resulta muy curiosa porque evidencia la forma en que se trataban los asuntos froterizos de los Estados. Las Juntas de los valles españoles eras auténticos entes semiautónomos que trasladan sus inquietudes al rey, al que debían lealtad. El Estado Moderno, tal como lo concebimos hoy día, no tendrá sentido hasta que se invente la ciudadanía y los territorios se reubiquen en las nuevas relaciones.
Ubicación que en la montaña, resultará perjudicial ya que perderán independencia y quizás, servicios, sobre todo si se configura un estado centralista como resultará el español (por lo menos en sus inicios). A cambio, en la montaña entrarán nuevas corrientes y formas de gestionar el mundo que cuestionarán su duro mundo político y social.

Carta del Ministro Floridablanca al presidente de la Comunidad del valle de Broto


“En diversa ocasiones se ha tratado de arreglar las desavenencias subsistentes de mucho tiempo a esta parte entre el valle de Broto, jurisdicción de este Reyno de Aragón y el de Bareche del territorio de Francia, tanto sobre el goce de pastos como sobre la propiedad de terrenos; y aunque por nuestra parte se han hecho repetidas representaciones a la corte de Versalles exponiendo los excesos de todas clases que cometían los vecinos de su valle, animados de su mayor población , no hemos podido lograr la satisfacción que no prometíamos , ni que los habitantes de Bareche se les contenga en sus verdaderos límites; sin duda por tener ellos el arte de eludir las órdenes de su Corte, o el representante a aquel ministerio de los hechos en muy diversos aspectos.

Sin embargo hace ya tiempo que la misma Corte de Francia ofreció autorizar al intendente de Auch, o a algún otro sujeto correspondiente para conferenciar sobre el asunto con la persona o personas que la España nombrasen a este efecto; con cuyo motivo y al haberse tratado anteriormente en el Consejo de varios incidentes de quexas o disputas entre los mismos valles, quiso Su Majestad oir el dictamen de dicho tribunal en punto a las prevenciones que deberían hacerse a nuestros comisarios para su mejor desempeño, e hizo éste las consultas cuyas copias incluyo, pero por varios accidentes  no llegó entonces a verificarse la Junta de Comisionados.

Las experiencias posteriores han acreditado ser siempre los habitantes del valle francés los intrusos, pues  alentados de mayor población y poder usurpan los pastos españoles, y cometen otras muchas tropelías; en cuya consideración se hace indispensable un pronto remedio.

Estos antecedentes, de que seguramente estará usted instruido desde aquel tiempo, y la circunstancia de deberse ahora juntar comisarios para tratar de semejantes desavenencias por lo respectivo a los valles de Ansó y Aspe, han persuadido al rey que esta ocasión es favorable para que se trate igualmente de dicho segundo arreglo: de modo que logremos cortar de raíz tantas disgustos y desavenencias muy impropios entre vasallos de dos príncipes vecinos e íntimamente aliados.

En su consecuencia manda S.M. prevenir a V. que enterándose bien manudamente de los fundado motivos de quexa, y de los derechos que asisten al valle de Broto contra los vecinos de Bareche, como también de lo que el Consejo expone en sus dos citadas consultas, proceda V. a elegir la persona o personas que juzgue más a propósito por su capacidad y demás circunstancias para conferenciar y ajustar con el Comisario francés las diferencias subsistentes, dando las instrucciones que juzgue conducentes para su mejor desempeño: en el supuesto de que las dos Cortes autorizaran después los ajustes que se hagan, siendo como debe suponerse, dirigidos a la mejor quietud y buena armonía de los mismos valles.
Escribo de nuevo al embajador del rey en París a fin de que aquella corte reitere sus ordenes a la frontera, si lo juzga necesario, y V. podrá entenderse con el Comandante de la misma frontera francesa para llevar este convenio a debido efecto, según las prevenciones que se le hayan hecho o se le hicieren desde Versalles: sin olvidar V. el punto que tanto recomienda el Consejo sobre lo que quede estipulado se han de hacer de tiempo en tiempo nuevos reconocimientos para asegurarse de la puntual observancia de lo convenido y para la renovación de mojones.

Sería conveniente que yo tuviese aquí lo menos dos planecitos que explicasen: uno los terrenos o pastos en controversia entre los valles de Ansó y Aspe, y otro igual por lo respectivo a los puntos de disputa entre los valles de Broto y Bareche; pues aunque en el archivo de este Primer Secretaría existe el plano grande de todos los Pirineos no es bastante manejable para el uso particular que ahora se necesita. Así pues, estimare que V. los haga formar y me los dirija.

Dios guarde a V. E. M. A. San Ildefonso, a 25 de Agosto de 1778”

domingo, 9 de mayo de 2010

Presentación de la Crónica de la gente de los ríos

Y por fin llegó el día de la presentación de la "Crónica de la gente de los ríos", un barquito bautizado con vino del Somontano y remojado con tormenta de las típicas, de las que siempre caían cuando se tenía organizada la manifestación y se encargaban de recordarnos que formábamos parte de la Nueva Cultura del Agua.
Un día que dio paso a la cultura con mayúsculas cuando la escritora Angélica Morales tuvo la amabilidad de invitarnos a conocer a una nueva colega, la Cronista de la Mar Fluvial…rodeada de sus gentes, que, como siempre, son las del corazón y el conocimiento, la coherencia y la esperanza, el sueño y la quimera.

Ah, la quimera de conseguir que el lector vea con ojos de río, un reto cultural que en los ríos significa  cambiar manera de ver a sus gentes. Personas que  en esta inauguración pueden continuar con su andadura por recuperar ciudadanía que nunca debieron perder, tripulantes de un barco al que nos hemos sumado otras para empezar a navegar…
¿Quieres ver lo que se comentó en este principio?..Aquí tienes el extracto de la Cronista de la Mar Fluvial, Begoña Pérez-Fajardo Alcaide:
“Gracias por estar aquí, en especial a Angélica por hacer esta presentación y a Chema por ceder su librería para el acto (Anónima de Huesca)
…lo cierto es que mi acercamiento a los ríos fue casual, el deseo de participar en una asociación ecologista que trabajaba por evitar una presa en el Ara, un río que entonces no tenía muy claro por donde pasaba aunque me sonaba que por Boltaña…y seguía por un Sobrarbe también desconocido para mí, salvo por el Parque Nacional de Ordesa. Pero como todos los oscenses, para subir allí solía coger el puerto de Cotefablo evitando el paso natural por el valle del Ara… precisamente, por el proyecto hidroeléctrico del embalse de Jánovas, el mismo que me permitió pertenecer a la Asociación Río Ara…
La repercusión de la historia de este valle en la provincia es una de las razones que me llevó a contarla, pero como empezó en los años 20 del siglo pasado es larga y la he escrito a cachos. Por eso, este libro termina en 1950. Luego amplié a otros valles como el Aragón, el Gállego, el Ésera además del Bajoragón y Ribera del Ebro. Y es que aunque el Pirineo es importante en temas fluviales, a veces se confunde con nacionalidad y sí, los ríos son fuente de culturas pero también lugares de paso y encuentro.
En este libro  lo que quería poner era lo que contaban los papeles y sobre todo vivencias de las personas que habían vivido esos papeles, las mismas que habían tenido la idea de dejar unos  folletos de ARA en la Escuela de Idiomas e hicieron posible que me hiciera socia.
Pero debo decir que me costó mucho verlas, casi un año y pico. Fue un  día que en un acto promovido por otra asociación fluvial fuimos a visitar un pueblo expropiado y actualmente detentado por un sindicato…Una mujer nos enseñaba la casa que había tenido que dejar a los siete años para establecerse en la gran ciudad. Su pueblo no había sido inundado y ahora estaba ruinas, a pesar de que sus antiguos vecinos intentaban recuperarlo para rehabilitar sus casas…innumerables trabas burocráticas seguían consolidando la crueldad institucional con que se gestionan estos temas en nuestra provincia…
Así que aquella mujer nos iba contando una historia de derrota humana cuando, inmersa en una gran emoción, dijo lo que me impactó… si es que yo ya, ya no pretendo recuperar la casa ni el pueblo … es que a mí lo que me gustaría es que por lo menos el vigilante del sindicato nos dijera buenos días cuando venimos con mis hijos . Es lo que querría, que dejáramos de ser invisibles…Acaba de descubrir a una de las numerosas personas “fantasmas” de nuestra provincia… afectadas por políticas hidráulicas o forestales, qué más da.
Aquellas gentes  no eran muchas aunque su derecho sí de todos. Tampoco eran  influyentes ni poderosas, eran y son personas como nosotros, sencillas, humildes, gentes de pueblo…que se tragó un modelo de desarrollo que ahora sabemos que  no es sostenible… Y a pesar de estas derrotas me parecen admirables...porque volvieron a levantar sus hogares en grandes ciudades y supieron transmitir desde su nuevo hogar catalán o zaragozano su querencia al terruño oscense, a la tierra que les decía que sobraban.
Sí, las gentes de los ríos tienen ese defecto, son sencillas, poco influyentes pero reales y, con tanto sentido común…que ves cómo no solo son capaces de apostar por la dignidad de su recuerdo sino que creen que ya es hora de hacer las cosas de otra manera…
La inhumanidad de responsables de ciertas eléctricas, y vamos a decirlo, determinados sindicatos de regantes, han hecho posible esta humanidad enfrentada a un modelo de desarrollo que les exige ser héroes hidráulicos, quieran o no. Y es que ellas se sienten sobre todo ciudadanas. Por ello me resulto complicado buscarles un nombre que les diferenciara  y cuando encontré “gente de los ríos” me di cuenta que otros nos podemos incluir…no importa, se trata de llamar la atención para que dejen de ser  fantasmas y perder ciudadanía.
Creo que en este territorio con tan poca gente no podemos permitirnos no ver a algunas. Sobre todo porque su visión nos permite desprendernos de esa vergüenza que sentimos cuando tenemos que explicar porqué ese pueblo ha sido abandonado y contamos que las condiciones de vida eran muy duras y el turista ve los cables eléctricos o la carretera, la fuente y el molino…lo cierto es que bastantes de estos fracasos generacionales fueron derrotas de débiles contra fuertes. Y recordando estas políticas territoriales podemos desprendernos de ese complejo que hace que no nos creamos capaces de logros semejantes a nuestros vecinos catalanes  o vascos,  que les han permitido permanecer en su tierra.
Si, la crónica habla de vascos porque la devastación del valle del Ara fue obra de una hidroeléctrica bilbaína. Pero no quiere arrastrar a enfrentamientos semejantes a los que se sufren con temas de agua y hacen que preguntemos si el Ebro es nuestro o de los murcianos. Y es porque otra aportación de la gente de los ríos es la relacionada con la gestión del agua…¿que de quien son los ríos? …de todos dicen, de todos…
Los marineros de Galicia afrontaron el chapapote porque comían de ese mar ¿Y que pasa con nuestras gentes de los ríos que también comían y comen de los ríos?¿No llevan años resolviendo problemas de gestión fluvial ? ¿No llevan generaciones extrayendo riqueza y dejándolos  existir ? ¿No nos están enseñando un modelo de desarrollo más justo y sostenible para todos?
Es la razón por la que la crónica trata tantos temas relacionados con la vida que se da en las cuencas fluviales…necesitamos ver con ojos de rio si queremos encontrar soluciones que no nos enfrenten.
Pero también tiene partes muy personales como la historia de los derechos de la mujer, homenaje a las asociaciones fluviales altoaragonesas, con alto porcentaje de mujeres. También cuenta la historia del tractor y detalla el número de gallinas y vacas de numerosas cuitas, ya que el mundo rural merece su protagonismo en la historia del mundo.
Por fin el lector encontrará acotaciones personales al pie de las fotos y el epílogo, uno de los desahogos que me he permitido ya que quería transmitir credibilidad. Pero sobre encontrará historias pequeñas, de familias y gentes que van desvelando un desconocido mundo fluvial que necesitamos conocer si queremos recuperar.
Un mundo al que ustedes con su presencia ya están dando su oportunidad, y si además leen su historia podrán disfrutar contando con el agradecimiento de esta  cronista de la mar fluvial… de la mar porque ríos hay muchos…”
Aplausos, fotos, vinitos, refrescos y piscolabis a ritmo de saludos, conversaciones, risas, dedicatorias y charradetas…hasta que cayó la tormenta aquel memorable 7 de mayo del 2010, refrescando un ambiente lleno de agua de lluvia y gente de los ríos.

Las chicas de la paz rememoraron los antecedentes del libro, cuya biblioteca sobre ecología, pacifismo y medioambiente aún se encuentra en una asociación de vecinos oscense tras haber pasado por manos de una ONG dedicada a la cooperación internacional y otra a la educación.
Gentes mayores de otros ríos saludaron a la cronista del Ara  y se alegraron de tener su protagonismo en el libro.
Miguel Gracia Santuy, autor de “La princesa del Pirineo”, vino a desear mucho éxito a la Crónica y compartió su experiencia de escritor con la autora.

Gentes urbanas de instituto o universidad se regocijaron al ver que el conocimiento rural tenía su hueco en un libro mientras habitantes de otras comarcas se pegaron el palizón de acudir al evento para apoyar una empresa nacida en Huesca pero con vocación altoaragonesa.
Y como ha iniciado su salida con deseos lejanos pero cercanos de vascos, navarros, madrileños, catalanes, valencianos, castellanos, franceses…y hasta habitantes de EEUU!, logra su bautismo aragonésm español, portugués... e internacional.
-¡Buen viaje, buen viaje!- Clamaba el público desde la Anónima orilla… -lo tendremos, lo tendremos-, contestaban los  osados navegantes de esta aventura fluvial…

Acababa de nacer la “Crónica de la gente de los ríos”.

viernes, 23 de abril de 2010

La victoria del Ara, un logro de tod@s

   Recuerdo aquel día de 2001. Ya se había publicado el BOE que descartaba el embalse de Jánovas, habíamos confirmado que iba en serio y teníamos río para rato. Se acababa de celebrar la victoria del río Ara (las últimas jornadas culturales), la misma Asociación Río Ara se  había autodisuelto, empezaban a nacer otros cestos…y se finiquitaba lo que se tenía que terminar…

   Aquella tarde había cogido el coche para localizar paisaje y llevarme fotografías de recuerdo. No sabía muy bien lo que buscaba…sabía que el protagonista de esta batalla había sido el Ara y las gentes de las casas de los pueblos rescatados de la inundación, pero aquella tarde, en realidad, no buscaba nada… iba al encuentro de algo....

   En mi cabeza estaban todas las sensaciones de aquellas frenéticas semanas…las de la celebración, la autodisolución, la despedida de compañeros de viaje, la recogida de material, la recuperación de lo dejado de lado durante la lucha…

   Sí, aquella tarde iba al encuentro de algo pero no lo sabía… Tras un rato de carretera, en un sitio que, extrañamente, no consigo  recordar, detuve mi coche y me bajé con mi vieja cámara de fotos, aquella que has de esperar el revelado de los negativos con un poquito de emoción porque no sabes lo que has retratado…

   En ese momento pensé hacer una foto que representara lo logrado…y más llevada por la emoción que por el sentido común, me acababa de detener en un campo rodeado de montes.
   Todo mi alrededor se levantaba en una mar embravecida de hierba mientras en las crestas de las olas navegaban casas y pequeñas aldeas. Atardecía en aquel mar esmeralda y a lo lejos se vislumbraba un lejano sur lleno de ciudades, gente, edificios y un Ministerio de Medio Ambiente “derrotado”.

   Allí estaba, permitiéndome sentir la victoria del Ara…como un guerrero de la Edad Media, contemplando el rastro que había dejado en su huida el temible dragón hidráulico, aquel que durante casi un siglo había asolado el territorio…
   Allí estaba, con las manos desnudas, respirando después de la dura batalla, inmersa en la pequeñez de nuestra osadía y rodeada de su misma inmensidad, escrutando un ondulado horizonte por el que el peligro acababa de marchar.
   Aquel dragón hidráulico no iba a volver, quizás otros pero ese, no iba  volver…

   En aquel momento estaba siendo consciente de la magnitud de lo que habíamos logrado. Era como si, por fin, pudiera sentir el triunfo de un puñado de personas, tan pequeñitas como aquel campo de hierba, Y no solo me percataba del aspecto espacial también del temporal…porque aquella victoria había sido perseguida durante un siglo...y yo, generación afortunada, contemplaba su llegada desde una cota de malla hecha de forro polar y un bolígrafo de lanza…

   Habíamos echado al dragón y me preguntaba cómo era posible… rodeada de aldeas que llevaban años escuchando que iban a desaparecer y… no lo habían hecho.
Sí, allí estaba la estela de aquel enorme dragón, el derrotado Ministerio de Medio Ambiente de España… resultaba increíble que la batalla se hubiera hecho contra el mismísimo Estado y sus administraciones públicas…
  
   Recordaba los equilibrios que habíamos tenido que hacer para no desprendernos de ciudadanía, principal fuerza que nos había hecho llegar a la victoria, unido al duro planteamiento de que el fin no justifica los medios, ni siquiera para los ríos..
   Ahora me percataba de la importancia de que el camino también fuera motivo de orgullo, aunque hubiera exigido sacrificio. Sí, el fin no justifica los medios, ni siquiera para los ríos… la máxima de la Nueva Cultura del Agua.

   Atardecía y miraba desconfiada hacia ese horizonte por el que podía asomar otro dragón… sin embargo ahora era testigo de la marcha de uno muy grande, las noticias correrían y tardaría en venir otro que, seguro, sería menos importante.

   Empezaba a oscurecer y pronto pequeñas luces empezaron a anunciar los barquitos de vida que me rodeaban…la aldeíta de aquí, la ermita de acá, la granja de mas allá...la vida de un territorio  pequeño y grandioso a la vez…inmersa en la penumbra de numerosas luciérnagas rurales …

   …¿Cómo podían aquellas lucecillas haber vencido a las iluminadas ciudades de Madrid, sede del Ministerio de Medio Ambiente; Zaragoza, hogar de la tenebrosa CHE, e incluso  Bilbao, sede del verdadero promotor de la destrucción del valle del Ara(La Ibérica-Iberduero-Iberdrola)…¿cómo podían aquellas inmensidades de luz urbanas haber sido derrotadas por unas pequeñas farolas de pueblo…?

   Aquello era conspirador, ciertamente conspirador… y fluvial…

   Con tanto rollo en la cabeza me quede sin luz por lo que las fotos salieron fatal… esto de ver estela de dragón y a la vez hacer foto Nacional Geografic como que no,…
   Pero a pesar de no disponer de imágenes sigo recordando aquel atardecer… con emoción. Emoción que daba paso a las primeras noches en las que las gentes del valle iban a poder soñar con un futuro a su alcance. Por fin dependían de ellos y no de luces artificiales que les“iluminaban el camino”. Ahora era alumbrado por farolas rurales que palpitaban al ritmo del corazón de sus gentes.
  Sí, lo que propiciaba aquella conspiración por lo fluvial no era una guerra de conquista, sino un trabajo de paz.

  Los efectos de su victoria fue el inicio de obras…de construcción. La gente, que había pospuesto la rehabilitación del granero que le iban a expropiar, la vivienda de turismo rural cuyo paisaje le negaban o el apaño de la nave ganadera, podía dedicarse a sus faenas desde una nueva y extraña normalidad…el dinero que se ahorraba por lo que pudiera venir ya no era necesario mientras que aprovechando que venía un albañil al vecino, se encargaba el techo…
   La Constitución entraba en el valle del Ara y sus habitantes dejaban de ser héroes hidráulicos para empezar a ser ciudadanos… ochenta años de obligada muerte social se recuperaban con un aliento lleno de renovadas ilusiones…

   A mí también me tocaba construir algo…...y como no tenía tierras, campos, casa ni propiedades pero sí ganas e ilusión, nació la crónica de la gente de los ríos…

   Tras una tarde en la que contemplé la estela de un dragón desde la cresta de un ola, allá por el valle del Ara.


miércoles, 21 de abril de 2010

El principio de todo

   Hola amigo lector/a, en este blog de la “Crónica de la gente de los ríos” voy a contar porqué se me ocurrió escribirla, cómo fue creciendo en ideas y objetivos…cómo di con la información, los problemas que encontré, soluciones por las que opté…en suma, el porqué de lo mucho que hay en ella.
   Hay que empezar contando que el proceso que viví para hacer este libro fue parecido al que protagoniza un estudiante con una investigación,  con la diferencia de que se presenta como un relato novelado. Además  el tiempo empleado es mayor que los clásicos uno ó dos años de una tesis. De hecho empecé a lo poco de autodisolverse la Asociación Río Ara, en el año 2001, cuando me encontré con un montón de papeles que guardar. En la crónica digo que llevo siete años porque queda bien, pero en verdad son algunos más de indagación.
   Con los meses esta labor se convirtió en una especie de hobby que me exigía localizar sitios, hablar con personas, marchar a archivos, encontrar molinos, ver saltos…y, en suma, pasar el tiempo de forma diferente al trabajo. Ahora lo pienso y veo que este libro lo he elaborado en una de mis épocas de mayor desarrollo profesional, un esfuerzo que tenía que “compensar” con una faceta investigadora “ajena” que me permitiera desconectar de la “dura” rutina laboral y, a menudo, adentrarme en la naturaleza. Al final ambos caminos resultaron ser complementarios, el trabajo me ha inspirado grandes ideas para el libro y al revés, la crónica me ha supuesto un importante apoyo para mi desempeño profesional.
   Pero este enfoque también era necesario para disponer de otro elemento importante, independencia para escribir lo que considerara oportuno. La libertad económica (y por tanto ideológica) la podía conseguir mediante una autofinanciación gradual por lo que esta obra ha terminado siendo una modesta aventura empresarial.
   Un barquito fletado desde el siglo XVII hasta 1950 que, por supuesto continúa. Pero tenía ganas de ver cómo era recibido y descansar de tan solitario trabajo así que decidí editarlo “a cachos”. En verdad la Crónica empieza en la Prehistoria y alcanza el siglo XV haciendo un breve paréntesis en el XVI para retomarse en el siglo XVII y continuar hasta el 1 de Mayo de 2004. Por curiosidad voy a contar que iba a terminar el 10 de Marzo del 2004, cuando se hacía efectiva la carta enviada al Gobierno Civil de Huesca que confirmaba la autodisolución de la Asociación Río Ara. Su Junta no la podía haber hecho efectiva hasta entonces porque en Febrero de ese mismo año se acababa de publicar la sentencia que decretaba la caducidad de la concesiones de Endesa (cedidas por Iberduero) en el Ara y el Cinca, caducidad denunciada por A.R.A. hacía unos años en los tribunales.
   Entonces, nada más llegar la carta, el 11 de Marco del 2004 hubo un atentado en Madrid que se llevó demasiada gente por delante…y un libro dedicado a derechos humanos no podía quedarse con semejante final. Así que además de hacer su pequeño homenaje a las víctimas, continuó hasta el 1 de mayo del 2004, recordando fechas en que se solían organizar las Jornadas del río Ara.De esta manera, medio en serio medio en broma,  es como la película de “La guerra de las galaxias”…empieza por el capítulo de enmedio y quién sabe si continuará…pero no hay que dudarlo, la fuerza le acompaña.
   Por cierto, la misma Guerra de las galaxias me sirvió de inspiración para hablar de las esquinas del Imperio. El hecho de que la rebelión (la de la película) fuera en los planetas exteriores, me hizo pensar en los rincones de los imperios…luego me decidí por esquinas y después me propuse aprovechar estas figuras para añadir una en cada capítulo retratando al Sobrarbe (comarca en la que se ubica el valle del Ara) de una manera. Así el lector aprecia cómo eran y son vistas las regiones montañosas y se adentra en una realidad desconocida, el mundo rural y fluvial.
   Pienso que los habitantes de las grandes urbes o los pueblos y ciudades medianas no son conscientes del tipo de pasiones que despiertan los paisajes. L a crónica trabaja este tema, con idea de comprender el choque entre diferentes modelos de desarrollo (sostenibles o no) y su implantación en los territorios.
   En el caso altoaragonés, conforme he ido avanzando en mi conocimiento de su pasado, se ha afianzado en mi interior una comparación. Y es que el anhelo hidroeléctrico sobre el Pirineo de principios del siglo XX me recuerda las ambiciones madereras y mineras que hoy se ciernen sobre la Amazonia . Lo que me parece increíble es que en libros de historia de la zona apenas se trate este tema, como si se ocultara un pasado que necesitamos saber, ya que explica muchos presentes.
   Así que siendo consciente de que podía resultar incómoda a determinados intereses económicos e ideológicos locales, decidí trabajar el cómo de la información. Entonces, sin abrazar este tipo de causas, me acerqué a ellas con idea de entender sus porqués. De ahí que este libro trate la historia de los ingenieros de minas (los que proyectan las presas en España), de la hidroelectricidad, los sindicatos de riegos y el mismo Regeneracionismo, movimiento ideológico inspirador de políticas hidráulicas en la Europa mediterránea .
   Sin embargo este acercamiento  ha procurado ser fiel al pasado y para demostrarlo ha adoptado formato de estudio aunque su interior corresponda a un relato novelado.La necesidad de emanar seriedad se debe a que el habitual relato histórico de la infraestructuras hidroeléctricas y de regadío (las presas) no suele explicar su alrededor.
   Incluso  da la sensación de que se oculta bajo una moralidad bastante dudosa ya que por ejemplo, no cuenta el hecho de que los campamentos obreros que levantó para hacer las obras fueron auténticas ciudades sin ley, como se recuerda en las zonas. Por eso señalo que tenían mujeres que intervenían en el ocio de los trabajadores. Son temas que no los cuento para criticar porque los entiendo producto de su época, pero lo que no puedo hacer es ignorarlos, ya que si no, no se entiende por qué la Confederación Hidrográfica Sindical del Ebro de los años treinta es cuestionada al adquirir una pianola y unos diamantes.
   La pregunta del millón sería a quién compró esas joyas pero eso, amig@ lectos/a, aparte de hacer mucha gracia, no lo he podido averiguar.  Lo que sí he pensado es su lógica. Igual en momentos de duro trabajo era necesario “compensar” a los obreros y su ocio se convertía en objetivo de la empresa. Quizás a la CSHE se le reprochaba su pragmatismo y que prescindiera de la moral de la época y nada más. De todas formas lo que un libro de historia no debe hacer es ocultar ese pasado de la misma forma que la sociedad de entonces. Francamente, me parece ridículo.
   La crónica no pretende deteriorar “prestigios” con estos relatos, por lo que no olvida que esos mismos ingenieros llevaron a cabo modernas obras hidráulicas. Tampoco pretende  establecer nuevos dogmas (objetivo que sí me parece entrever en relatos de las “civilizadoras” hidroeléctricas o “desarrolladoras” empresas de regadío), solo insinuar pequeñas certezas. Para ello añade fotografías que corroboran lo escrito y abre la opción de una visión fiable o, por lo menos, la idea de que haya varias versiones del asunto.
   Creo que ya es hora de acercarnos al mundo fluvial sin pretender que nos resulte cómodo ocultando hechos de cierta “crítica moral”. Estamos para contar lo que pasó, no lo que querríamos que hubiera pasado. Demasiado mito circula alrededor de lo hidráulico y este libro procura desmitificarlo para adentrarse en los porqués de unas épocas que pertenecen a otras generaciones. No podemos imponerles nuestros valores, incoherencias y creencias del mundo fluvial y esa actitud es la que se trata en el siguiente capítulo.

Desmitificar

   Lo cierto es que sorprende ver cómo el  mundo de los ríos está lleno de mitos e incoherencias con crédito inmerecido.  Por otra parte creo que es necesario que el público sea consciente de algunas de las circunstancias que rodean lo fluvial, como por ejemplo lo desorbitado de las actuales concesiones de agua debido a la evidencia de la disminución de sus caudales (según las hidroeléctricas entre un diez y un veinte por cien en el último siglo XX). Este desajuste (la concesiones no ha sufrido ninguna reducción) puede explicar la causa de algunos problemas que sufren como el desecamiento o contaminación de sus cauces, la desaparición de su fauna y flora o la aparición de especies invasoras favorecidas por el calentamiento de la escasa agua corriente.
   A pesar de la importancia de esta información, no deseaba resultar pesada por lo que sabiendo que no había ningún tribunal al que llevar este “trabajo” he intentado ser flexible en su exposición. La elección del formato de relato novelado recoge la voluntad de encarar el tema con amenidad y optimismo sin que esta opción se confunda con falta de seriedad.
   Ello implica que haya habido detrás metodología, extraída de numerosas ciencias desde históricas a antropológicas, físicas o etnológicas. No estaba atada a ninguna teoría por lo que recogía de donde se me ocurría y sólo después “ponía tabla rasa”, es decir, me cercioraba de que fuera válido… llevándome auténticas sorpresas.
   Como la constatación de que la prensa aragonesa de los años ochenta está más tergiversada que lo recogido de forma oral, el hecho de que en temas hidráulicos suele ser más frecuente que el Estado incumpla la ley o que fuentes dispares  coincidan en parte de sus relatos. Esto último se observa durante la Guerra Civil española, cuando el maquis explica lo que saboteó de la central de Lafortunada y los ingenieros de la Ibérica lo que encontraron. La causa de los destrozos de unos y otros distan pero su descripción coincide.
   Así que esta crónica ha optado por presentar todas las versiones posibles, pudiéndose afirmar que ha sido ecléctica y pragmática, es decir, ha adoptado muchos puntos de vista con el objeto de obtener el máximo.
   Sin embargo ha protagonizado dos excepciones, dos “censuras” que decidí en diferentes momentos de su escritura. La primera equivocada (y he intentado hacer “un apaño”, espero que quede bien), cuando no incluí el siglo XVI por razones de comodidad, ya que así no me veía obligada a hablar del continente americano (en 1500 claramente descubierto). Luego me di cuenta de que en ese siglo pasaban asuntos muy importantes para los ríos y especialmente en los que se centra la historia, los del Altoaragón.
   Sí, el siglo XVI es  una época de bonanza en el antiguo reino de Aragón y una, así de espabilada , no cayó en la cuenta de que eso podía suponer construcción de infraestructuras hidráulicas, puentes, junto aparición de inventos, manuales, avances científicos relacionados con el Renacimiento, la pesca…en fin, que si se quisiera escoger un siglo especial para los ríos, debería ser el XVI, el que no sale en la Crónica.
   Semejante metedura de gamba la he “arreglado” con retrocesos narrativos pero lo cuento para que el lector sepa que esta cronista es consciente de sus limitaciones.
   Otra “censura” que establecí obedeció a algo más personal y la tomé cuando estaba acabando el libro por razones de orgullo fluvial. Y es que decidí no incluir pesquisas hechas en persona en archivos de hidroeléctricas o de la Confederación Hidrográfica del Ebro (la CHE). Eran unos viajes que me había reservado para el final, en parte porque tenía dudas de obtener lo que quería, en parte porque me tocaba ir a sitios lejanos (excepción de la CHE, con sede en  Zaragoza). Por fin, no me apetecía nada de nada acercarme a  la CHE, a aquellos ingenieros que se consideraban los “sumos sacerdotes de los ríos”.
  Cuando vi que la información que necesitaba la podía obtener de terceros pensé hacer un homenaje a la gente de los ríos y no acudir a unos técnicos que hasta ahora, veo que suelen resultar bastante despectivos con el resto de la Humanidad. Así que ya ve, amigo lector, esta cronista se ha permitido el lujo de tener prejuicios en nombre de lo fluvial…y quizás la falta de ganas…porqué no admitirlo. De todas formas, si cuento al lector que he emprendido caminatas de horas para conseguir fotos de un ibón o que los viajes a la biblioteca de Lérida, por ejemplo,  los hice por una carretera en la que tenías suerte de que no se te comieran los camiones, comprenderá que no se trataba de pereza física…más bien de falta de convencimiento para emprender un esfuerzo que no valía la pena…
   Sigo pensando que este tipo de intérpretes de lo fluvial no hacen falta para hacer una historia de los ríos…aunque está claro que sus informes de las presas de Santa María de Belsué y Cienfuens, o la página web de la CHE o la de los ingenieros de minas de España (una constante alabanza a “sus” presas y pantanos) han sido gran ayuda; al igual que información colgada por el Ministerio de Medio Ambiente o las eléctricas peninsulares (recomendadas en la bibliografía).
  Ahora, si es cuestión de hablar de evangelistas, hay que reconocer que también los hay en mi bando, en el fluvial quiero decir. Por eso intento corroborar en más de una fuente cuanto he obtenido y lo que no lo comento (por ejemplo cuando digo que la gente de la Ribagorza relata la voladura del campanario de Barasona por soldados en prácticas) o no lo incluyo.
  
A veces con pena, porque he de reconocer que mis fuentes han sido diversas y originales, sobre todo originales.

Las fuentes

  Fuentes variadas y alguna vez incluso “enfrentadas”, como por ejemplo el informe de Greenpeace del monopolio eléctrico español y los de las mismas eléctricas, los famosos mapas del  Ejército, hechos en los años 50 y 60,  para mí con idea de controlar el espacio rural en el que se movía el maquis que localizan con precisión los  caminos e infraestructuras hidráulicas….y los papeles de la antigua Coordinadora Río Ara, cuya Junta de principios de los años noventa parece simpatizar con grupos abertzales y okupas (según sus últimos boletines).
   Justamente esta marginalidad es la que hizo posible que parte de sus miembros se “escindiera” y creara la Asociación Río Ara del final de los noventa, entidad en la que tuve oportunidad de colaborar hasta su autodisolución. Esto lo cuento porque el hecho de que un grupo de personas decidiera hacer las cosas de otra forma “separándose” de los que se suponía que eran “representantes del río” fue muy decisivo para la nueva A.R.A.Y es que desde el principio procuró ser muy generosa haciendo posible que la mayoría de los miembros de la antigua Coordinadora formaran parte de ella además de muchas otras gentes.
   También le llevó a ser radical (en sentido positivo) en el planteamiento de que todo el mundo tenía cabida en lo fluvial, un anhelo que resumió en un lema,  “los  ríos son de tod@s”. Con el tiempo se extendió para criticar otro de los problemas que hay en los ríos peninsulares, los aguatenientes, los poseedores de sus concesiones que, como los terratenientes del siglo XIX, protagonizan en el  XX y XXI un acaparamiento que perjudica a la mayoría ciudadana.
   Pero volviendo a la Asociación Río Ara, hay que decir que sus orígenes me imbuyeron de parte de sus principios por lo que puedo afirmar que este libro “sufre”  de otra influencia, la de la diversidad de los socios que formaron A.R.A. Es un enriquecimiento que explica porqué tiene tanta anécdota y hecho curioso, sin prejuzgar las fuentes, aunque comprobando su certeza.
   Una  apertura mental  que se ha sumado a la de las lenguas en que han sido leídos los documentos, prensa e información utilizados en este libro. Con orgullo me reconozco parte de “la generación Lucas Mallada”, un instituto  de la ciudad de Huesca que en los años ochenta vio cómo sus profesores tuvieron la “locura” de creer en el tiempo libre de sus estudiantes.
   Sus actividades extraescolares, desde teatro a deporte , seminarios de matemáticas, historia o filosofía, nos dejaron una huella imborrable a muchas generaciones. Y esa apuesta por la diversidad temática, aprendida en la adolescencia, me permitió abordar temas de ingeniería, medioambiente e incluso matemáticas, física y un largo etcétera en esta crónica. Por fin mi afortunada educación pública me permitió también traducir documentos del inglés, francés , español y aragonés (algo justito esta última lengua a mi pesar)  además de textos en italiano, portugués, catalán, gallego, asturiano e incluso latín, vasco y flamenco!!...
   Todo hay que decirlo, no superé la prueba del farruco (dicho con cariño) funcionario de la Biblioteca de Lérida, que pretendía explicarme en catalán cómo funcionaba una fotocopiadora … al final las fotocopias las tuvo que hacer él (algo que desde el principio yo tenía claro, ya que soy consciente de mis limitaciones tecnológicas). Pero estas anécdotas de carácter colonial (que qué hacía yo, una forana, allí,...nada, sólo buscar boletines oficiales que no eran publicados en Huesca y sí en Lérida para que no se enteraran los afectados) me sirvieron para dar más fuerza a la idea de que sí, la crónica iba a ser escrita en una lengua  mayoritaria (español o castellano) pero también iba a hacer un homenaje a otra lengua a la que también tengo mucho  aprecio, el aragonés o fabla. Y es más, tiene  modestos guiños al chapurreau o catalán oriental de Aragón, al catalán del delta del Ebro y el francés de nuestros vecinos. Todo mezcladito y conviviendo sin problemas, como debe ser…
   La apertura de mente política, lingüística, metodológica, temporal, humana…era necesaria para recopilar información e incorporar añadidos, algunos de muy última hora como la historia de la pesca a mosca sin muerte o la de la Ecología. Allí, con acierto, di cabida a opiniones de personas que me estaban haciendo de asesoras e insistían en incluir estas facetas. Es más, me pongo a pensar y veo que, por ejemplo, sin el relato inédito del escritor del Sobrarbe  José Mari Santos  de los años 10, 20 y 30 (¡vaya currada!) no hubiera podido abordar con tanta comodidad esta parte del libro o sin el manuscrito de Astorga de AEMS no me hubiera podido introducir de forma tan agradable en la pesca, un mundo que en mi infancia era reservado a “los hombres”  y quizás por ello me sigue produciendo mucha fascinación.
   Por su parte el  relato oral de dos familias “símbolo” de Jánovas (los Garcés y los Buisán) , generosamente cedidos por sus descendientes , las amenas conversaciones con el último que resistió a los forestales; el programa de televisión de los años ochenta que cuenta la historia de la fallecida enfermera urbana que apoyó a los vecinos de Ligüerre de Ara (Lucrecia, sigues estando con tu gente) , el CD de cómo se despobló la Solana o el relato de los misterios del molino de Guaso me han permitido percatarme de hechos que no salen en los textos y localizar fuentes que ayudan a comprender el otro mundo que también se da en lo fluvial, el de las emociones y sentimientos.
   Pero como era inevitable, al final he hecho mi propia aportación. La primera relacionada con la metodología que ayuda a localizar fuentes en temas hidráulicos (se expone en el apartado del investigador). Otra aportación está relacionada con la “sabiduría acumulada”  en encuentros y jornadas fluviales que me permitió  rellenar las piezas que faltaban del puzle histórico en que se asienta la crónica. Y por fin, la última ha sido fruto de la propia reflexión, que he osado exponer, como los principios básicos de los aprovechamientos hidráulicos tradicionales o alguna de las lógicas que me parecen vislumbrar detrás de  actuaciones de hidroeléctricas en los años cuarenta y cincuenta.
   Lo cierto que al poco de comenzar esta indagación me fui dando cuenta de que , extrañamente, los molinos tradicionales, serrerías y batanes eran vistos de forma hostil por hidroeléctricas y determinadas empresa regantes. Al principio no lo entendía…¿en qué les molestaba un batán si eso era una cultura tradicional que no dañaba a nadie?... pero era evidente que conforme avanzaba en mi investigación que la hostilidad parecía emanar más de una dirección (el grande ) que de otra (muy revelador el discurso del propietario de la Ibérica contra los nabateros del Cinca). Entonces, cuando pude leer el informe de la UNESCO que hablaba del valor del actual pequeño propietario a orillas del Mekong, río amenazado por varios proyectos de presas, pude comprenderlo.
   Sí, los molinos tradicionales son parte de un patrimonio rural de gran valor etnográfico…pero no sólo eso o mejor dicho, son algo más. Espero que este libro contribuya a verlos de forma más moderna porque lo que sobre todo eran y son (a los poquitos que les dejan producir luz) negocios gestionados por personas que conocían muy bien el río al llevar siglos conviviendo con él, una gestión de riqueza natural con sus concesiones y derechos legales pero ignorada por universidades y facultades de economía.
   No se trataba, como burlonamente nos decían algunos, de tener velas en casa y quitarnos las bombillas,  sino que las fuentes de energía (en este caso la luz o el agua) procedieran de un modelo de desarrollo sostenible para los ríos y sus gentes. Por eso este libro es una crónica, un relato histórico de estas gentes, la de los ríos, las que viven con el resto de habitantes peninsulares pero tienen mucho que aportar respecto a lo fluvial,  políticas hidráulicas y energéticas porque saben extraer  dinero de ellos, sí , pero al mismo tiempo los dejaron ser como son, es decir, son medioambientalmente sostenibles.
   Resultaba imprescindible acercarse a esta fuentes de riqueza como lo que eran y añadir lo aportado por otras gentes, como el belga Bernardo el Molinero , cuya visión tecnológica (influenciada por los molinos de viento de sus Países Bajos) le llevó a practicar desde los años ochenta la afición de retratar cuanto aprovechamiento harinero encontraba en Huesca…desde el punto de vista técnico. Emocionante resulta ver las imágenes del molino de Jánovas en su página web y apasionante compartir con él conversaciones en las que su experiencia se ha sumado a lo trabajado por otros “de fuera”.
   O no tanto porque la pagina web del vecino molino de la Mousquère, o la del ayuntamiento de La Ferté sous Jouarré, sede de una de las primeras multinacionales de piedras de molino, han resultado ser savia vital para este libro, aunque fuera en francés (esta se la perdonamos)
   Otras aportaciones “del exterior” han sido favorecidas por encuentros promovidos por asociaciones de ríos. Eran y son esfuerzos por lograr un contexto que favoreciera la reflexión alrededor de lo fluvial y han dado como fruto publicaciones como el estudio biológico del río Ara promovido por una Universidad de Euskadi (por fin unos vascos se acercan al valle de forma constructiva),  el análisis de historia de la política hidráulica española promovido por gentes del Gállego, la guía didáctica de este mismo río hasta la memorable feria medieval de Jaca organizada por gentes aragonesas y del  delta del Ebro, el vigente concurso anual de fotografía de la también triunfante Asociación Río Susía o el grupo de jazz de nuestros hermanos del Ésera que actuó en Aínsa-Sobrarbe en la exposición “Pueblos y ríos” del 2009.
   Todos estos encuentros han supuesto un remanente para el intelectual y científico y sus aportaciones, como la pionera gestión de las crecidas del Ebro en Zaragoza, el desarrollo de desaladoras de bajo impacto ambiental o el abordaje de la escasez hídrica de Cataluña, por nombrar algunas. Es lo que se denomina Nueva cultura del Agua, un proceso mental pero sobre todo  científico y tecnológico que intenta abordar problemas del agua desde nuevas soluciones y está obteniendo resultados satisfactorios.
   La misma web de la Fundación Nueva Cultura del Agua, hispanoportuguesa (lo que explica que la crónica sea peninsular y no solamente española) y capitalidad aragonesa dispone de  un amplio bagaje al acceso del público en general, otra de las espinas dorsales de este libro. Pero como suele ocurrir en estos temas, a menudo lo investigado se describe en un lenguaje que no llega a la ciudadanía  o apenas alcanza al interesado. Es evidente porqué,  prioriza la descripción y rigurosidad sobre la amenidad… así que enseguida me percaté de que  si quería hacer un libro que se difundiera, tenía que  “traducir” sus fuentes, los artículos científicos…
   No somos un país propicio para la cultura, las cosas como son y si hacia una tesis (así lo hubiera titulado porque lo contrario hubiera sido engañar) no la hubiera leído mucha gente. Así que la exposición de este libro ha procurado ser un puente entre lo científico y lo popular, algo que disfrutar y si se quiere, aprender. Supongo que por ello el lector se lleva una sorpresa al empezar y topar con una leyenda de las Rocosas que habla de una raza desconocida…
   ¿Pero esto no es un estudio?... Claro que sí, pero es que los mitos son algo innato al mundo fluvial y tienen  un apartado en cada capítulo… hasta me invento la figura de los piratas de la mar fluvial inspirándome en los mares de montañas y sus galeones (las casas de los lugares)  además de la bandera pirata que ondea en la foto hecha en el Montblanc por simpatizantes de río Aragón durante la reivindicación por las cimas del mundo.
   Sí, esta riqueza de ingredientes ha dado lugar a un libro muy especial que se asemeja a un pan  mezclado, hecho con diversos trigos y cereales… diseñado bajo una estética. Porque la crónica también tiene una estética, que se aborda en el siguiente capítulo.